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HIPERINSULINISMO, SEÑAL DE PROBLEMAS PARA EL PÁNCR

HIPERINSULINISMO, SEÑAL DE PROBLEMAS PARA EL PÁNCREAS
Por Claudio Valerio


La hormona insulina es indispensable para que las células absorban el azúcar o glucosa que necesitan; sin embargo, enfermedades y problemas genéticos pueden hacer que los niveles de esta sustancia se incrementen y, en consecuencia, desencadenen trastornos diversos.
La insulina y su función en el organismo fueron descubiertas a principios del decenio 1920-30, cuando dos científicos, el canadiense Frederick Grant Banting y el británico John James Richard Macleod, trabajaron en la Universidad de Toronto (Canadá) con perros a los que se les había extirpado el páncreas y que, como consecuencia, presentaban altos niveles de glucosa en sangre, fatiga y necesidad de orinar a menudo, es decir, padecían diabetes provocada intencionalmente para investigar con ellos algún tratamiento que sirviera para controlar dicha enfermedad.
Tras largas jornadas de trabajo, los científicos obtuvieron un extracto especial de cierto grupo de células pancreáticas (células beta, ubicadas en los islotes de Langerhans), que era propiamente la insulina y que sirvió para que los caninos presentaran mejorías notables en sus síntomas. Esta misma sustancia fue aplicada con éxito en seres humanos y, debido al éxito que lograron, ambos investigadores fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina, en 1923.
Desde entonces se han realizado numerosas investigaciones que detallan cuál es la estrecha relación que mantienen insulina y glucosa, y debido a ello se ha comprendido que el equilibrio que guardan ambos compuestos en el organismo humano es delicado y puede romperse por distintas causas.
Ejemplo de lo anterior es la hiperinsulinemia o hiperinsulinismo, es decir, el aumento en la sangre de los niveles de la hormona generada por el páncreas y que puede ser indicador de problemas que afectan a esta glándula o al organismo en general. La causa más común es el síndrome metabólico o de resistencia a la insulina, al cual muchos especialistas describen como un "estado previo" a la diabetes y factor de riesgo para padecer infarto (muerte de tejido en corazón y cerebro por falta de suministro de sangre), pero también se han reconocido otras condiciones que, aunque son menos frecuentes, exigen atención.

Complejo mecanismo
De manera ilustrativa, podemos afirmar que la insulina actúa como una "llave" que abre la "cerradura" que hay en la superficie de las células, concretamente de aquellas que forman parte de músculos, hígado y tejido adiposo (que almacenan grasa), permitiendo el ingreso en ellas de glucosa y otros nutrientes indispensables para su funcionamiento.
Así, cuando ingerimos algún alimento con azúcares, como fruta o chocolate, éste es procesado por el sistema digestivo y de ahí se integra a la circulación. A continuación, el páncreas inicia la producción de insulina para mantener los niveles de glucosa dentro del rango ideal para el organismo (70 a 110 miligramos por decilitro de sangre) y para que las células tomen el alimento que requieren.
Mediante distintas observaciones científicas se ha llegado a la conclusión de que en el síndrome metabólico (también llamado "x"), la insulina o "llave" funciona adecuadamente, pero la "cerradura" se encuentra "oxidada", de modo que la pared celular o "puerta" se "abre a medias" y la glucosa tarda mucho en entrar, acumulándose en la sangre. Debido a esto, el organismo incrementa la generación de insulina, a fin de que los niveles de azúcar se mantengan aceptables.
A largo plazo, esta situación hará que las células del páncreas se agoten, dando lugar a la diabetes, sin olvidar que el exceso de glucosa en sangre actuará como arenilla, de modo que lastimará alas arterias y generará problemas en vasos capilares de la retina y riñones. Asimismo, es muy probable que la grasa se adhiera a las vías sanguíneas y cause aterosclerosis (factor que favorecen el riesgo de sufrir infartos).
Durante un tiempo se pensó que este hiperinsulinismo era inofensivo para el organismo; sin embargo, varias investigaciones, algunas de ellas muy recientes, han sugerido que esta condición se relaciona con algunos problemas:
Acantosis nigricans.

El exceso de insulina estimula a las células de la piel, ante todo de aquella que cubre las áreas flexibles y pliegues del cuerpo (cuello, axilas, codos, rodillas, manos e ingles, principalmente), haciendo que ésta se vuelva oscura, gruesa y de apariencia verrugosa y aterciopelada. No se trata de un problema grave en sí mismo, pero genera incomodidad estética al individuo y revela que en el interior de su organismo hay problemas para asimilar la glucosa.
Síndrome de ovarios poliquísticos o de Stein-Leventhal.

Trastorno en el que los ovarios aumentan de tamaño y contienen varias bolsas llenas de líquido (quistes); así mismo, se elevan los niveles de hormonas masculinas (andrógenos) hasta el punto de producir en algunos casos características viriles. Al respecto, se ha encontrado que el hiperinsulinismo puede alterar al órgano reproductor femenino, detener la generación de óvulos e incrementar el riesgo de pérdida del embarazo. Este problema deberá tratarse con hormonas, medicamentos y controlando los niveles de glucosa e insulina en sangre.
Enfermedad de Alzheimer.

Un estudio realizado en la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, y dada a conocer en agosto de 2005 por la publicación estadounidense Archives of Neurology , revela que altos niveles de insulina podrían generar inflamación en tejidos neuronales y contribuir al desarrollo de este padecimiento, el cual es responsable de cambios de conducta, pérdida de memoria y alteraciones del lenguaje, todo ello debido a la formación de cúmulos anormales de proteínas (depósitos de amiloide) y marañas de fibras que surgen por la degeneración de las neuronas.
La hiperinsulinemia, concluye esta investigación en que participaron 16 voluntarios saludables, "provocó sorprendentes aumentos en los marcadores de inflamación del sistema nervioso central. Así, nuestros hallazgos sugieren que el riesgo de la enfermedad de Alzheimer podría aumentar, parcialmente, por los efectos del exceso de insulina".
Al respecto, se debe destacar que el síndrome metabólico es un padecimiento que se ha vuelto más frecuente en nuestras sociedades por la alta incidencia de hábitos nocivos como falta de ejercicio, tabaquismo y dieta rica en grasas, harinas refinadas y azúcar procesada, pero también es importante indicar que esta enfermedad no genera síntomas evidentes, a no ser del sobrepeso, y por ello muchas personas no saben que la padecen.
Sin embargo, los médicos han encontrado una forma de diagnóstico temprano que ha ofrecido buenos resultados y que cualquier persona puede hacer en su hogar: midiendo su circunferencia abdominal. Cuando ésta es mayor a 80 centímetros en mujeres o 90 centímetros en hombres, se debe acudir con el médico familiar o nutriólogo para establecer las medidas de tratamiento pertinentes, mismas que, por lo general, consisten en tener adecuado control de peso, vigilar niveles de presión arterial, azúcar y grasa, practicar actividad física regular y seguir una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales, carnes blancas y pescado.
Gracias a este tratamiento es posible disminuir los niveles de glucosa en sangre y, por ende, los de insulina, eliminando así el riesgo de sufrir sus consecuencias. Asimismo, se reducirá de manera importante la posibilidad de desarrollar diabetes o padecer infartos.
Amenazas para el páncreas

Al margen del síndrome metabólico se han reconocido otras causas de hiperinsulinismo que generan síntomas muy diferentes; ello se debe, ante todo, a que en estos padecimientos la insulina actúa correctamente como "llave" y "abre la cerradura" de las células, de modo que la glucosa ingresa en los tejidos sin problemas. Empero, como la hormona circula en abundancia por al sangre, el azúcar se absorbe con rapidez y baja su concentración, ocasionando una condición llamada hipoglicemia (la concentración de glucosa es menor a 70 miligramos por decilitro).
Cuando este problema es leve suele causar ansiedad y hambre, pero en casos más graves o de mayor duración se presentan muchos otros síntomas que, incluso, llegan a desencadenar estado de coma (notable disminución de los signos vitales) y la muerte del paciente:
Dolor de cabeza.
Sudoración.
Temblores.
Alteración del pulso cardiaco.
Visión borrosa.
Confusión y mareo.
Cambios de humor.
Convulsiones.
Pérdida del conocimiento.
Uno de los principales motivos de generación aumentada de insulina es el insulinoma o tumor en el páncreas, mismo que no suelen ser maligno (sólo del 5 al 10% de los casos son tejidos de tipo canceroso) y que puede presentarse aislado o diseminado en pequeños conglomerados.
El diagnóstico de padecimiento se realiza mediante estudios de sangre, resonancia magnética (emplea ondas magnéticas para crear una imagen del interior del abdomen), tomografía (sistema de rayos X que permite obtener imágenes "en rebanadas"), ecografía o ultrasonido (utiliza ondas sonoras para detectar tumoraciones) y biopsia (introducción de una aguja fina en el páncreas para extraer algunas células, las cuales pueden estudiarse para determinar si los tejidos anormales son benignos o malignos).
Una vez que se confirma el diagnóstico, la cirugía es el tratamiento más indicado para eliminar un insulinoma. Los tumores solitarios son fáciles de retirar, pero los que son múltiples usualmente necesitan una extirpación parcial de páncreas (pancreatectomía parcial). Se debe dejar por lo menos el 15% de la glándula para evitar desórdenes orgánicos.
En caso de que la intervención quirúrgica ponga en peligro la vida del paciente, se administran medicamentos (diazóxido, octreotida) para disminuir la secreción de insulina y evitar hipoglucemia. Este medicamento se administra junto con un diurético (estimula la emisión de orina), a fin de evitar la excesiva retención de líquidos. La expectativa de vida para estos pacientes suele ser buena, salvo en los casos en que el tumor es maligno y se ha diseminado (ha hecho metástasis) a otros órganos.
Otra causa de alteración en el equilibrio entre insulina y glucosa es el hiperinsulinismo congénito, un padecimiento que se presenta en niños y que puede ocasionar estado de aturdimiento, confusión, falta de atención y conducta irracional (neuroglucopenia), ya que el sistema nervioso no cuenta con los nutrientes necesarios para funcionar adecuadamente. También puede ser motivo de daños neuronales y retraso en el desarrollo de habilidades, pues el cerebro todavía se encuentra en etapa de maduración.
El origen de este problema es una mutación genética (alteración en los cromosomas) que se transmite de padres a hijos (hereditaria), aunque los padres no manifiesten la enfermedad. Se estima que la incidencia del padecimiento es de un caso por cada 25,000 a 50,000 nacimientos, y representa la causa de hipoglucemia más recurrentes en la infancia.
Los síntomas con que se distingue este problema son los mismos que hemos citado anteriormente, es decir, cambios en el pulso cardiaco, mareo, sacudidas y pérdida de conocimiento, sólo que se manifiestan desde los primeros meses de vida. El diagnóstico se efectúa con pruebas de sangre para conocer los niveles de azúcar y con estudios moleculares para detectar alteraciones genéticas.
El tratamiento médico debe ser oportuno y agresivo para prevenir el daño cerebral severo e irreversible. Como primera medida se debe recurrir a la administració n de medicamentos que disminuyan la generación de insulina y, cuando no hay resultado favorable, se debe extirpar parte del páncreas.
Finalmente, debemos mencionar una condición más que puede generar hiperinsulinemia, y es la insuficiencia renal, es decir, aquellos casos en que los riñones son incapaces de filtrar la sangre adecuadamente. Cuando este problema es muy avanzado, el exceso de insulina no se elimina por la orina y, en consecuencia, baja la concentración de azúcar.
En estos casos no hay problemas en el funcionamiento del páncreas y la erradicación del padecimiento se efectuará mediante hemodiálisis, un procedimiento médico que se efectúa para retirar elementos tóxicos de la sangre. Su realización debe correr a cargo de un especialista (hematólogo) para que el resultado sea óptimo y no ponga en riesgo la vida del paciente.

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