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NO REPRIMA LA AGRESIVIDAD, ENCÁUCELA

NO REPRIMA LA AGRESIVIDAD, ENCÁUCELA

NO REPRIMA LA AGRESIVIDAD, ENCÁUCELA

Por Israel Cortés

 

La agresividad es una característica natural que ayuda a los seres vivos en su lucha por la supervivencia y que sirve al hombre para enfrentar situaciones desfavorables. Sin embargo, cuando esta energía se "sale de control", puede generar problemas de violencia y convivencia social.

Aunque se coincide en señalar que la agresividad es un instinto natural, también es posible afirmar que la manera de manifestarla depende de las experiencias y del aprendizaje recibido en hogar, escuela, trabajo u otros grupos sociales. De este modo, el manejo de nuestros impulsos depende de la relación que se tenga con la gente y, sobre todo, con los padres, por lo que se puede afirmar que un niño que crece en un hogar donde las dificultades y diferencias se solucionan con gritos y golpes, aprende que es a través de estas vías como puede manejar su agresividad y hacer frente a toda situación desfavorable. Algo similar ocurre en aquellas familias en donde la violencia se vale de formas más "suaves", como el chantaje emocional o la amenaza verbal.

Una persona agresiva actúa como si se encontrara amenazada y amplifica su agitación interna debido a que en su inconsciente guarda memoria de hechos que lo han marcado y en los que tuvo que sacrificar sus proyectos, sufrió una gran pérdida, recibió burlas repetidas, fue ignorado o careció de respeto a su persona y espacio vital.

Es imposible despojar al ser humano de agresividad, pero la conclusión a la que han llegado diversos especialistas en materia de salud mental, es que la manera más constructiva de convivir con nuestra propia agresividad consiste en encauzarla o canalizarla, para lo cual existen diversos recursos probados en la práctica.

En primer lugar hay que señalar que una de las claves para manejar la agitación interna consiste en volvernos concientes de nuestros pensamientos; esto se logra al detectar aquellas situaciones que conducen a la ira, o cuando ocurra una situación amenazante, respirar profundamente y dejar pasar un poco de tiempo para evitar precipitaciones y, ante todo, para no interpretar ni juzgar las cosas de manera equivocada.

Asimismo, se tiene bien establecido que la práctica deportiva permite a toda persona distraerse y liberar tensión, además de que ofrece muchos otros beneficios que son motivo de satisfacción personal, como mejoría general de la oxigenación del organismo y el fortalecimiento de huesos y músculos.

Se debe señalar que en muchas ocasiones la agresividad tiene el objetivo de que se respeten las decisiones, ideas y espacio individual, sólo que al tratar de marcar un límite es posible que el mensaje se proyecte con violencia y sólo se consiga iniciar una estéril discusión, amén de que probablemente el objetivo principal no se cumplirá.

En estos casos, es importante encontrar un punto medio entre la agresividad y la pasividad, de modo que el deseo de expresar los propios sentimientos, derechos y opiniones no ocurra en forma negativa (gritos, retos, burlas o incluso golpes), sino a través de su faceta más positiva: la asertividad.

Una persona asertiva es expresiva, espontánea y segura, gracias a que conoce sus emociones y anhelos, se siente satisfecha de su vida social y tiene confianza en sí misma, de modo que es capaz de encontrar un punto medio entre lo que quiere comunicar y lo que los demás quieren y esperan. Lograrlo no siempre es fácil, sobre todo por la falta de costumbre, pero se puede recurrir a la ayuda de un psicólogo para conseguirlo de la mejor manera.

Ejemplos que clarifican este aspecto:

Se invita a un amigo a cenar y éste llega sin avisar, con retraso de una hora. Es natural que se experimente irritación.

- Conducta pasiva: la reacción del anfitrión es, "Entra, la cena está en la mesa", esta actitud lo llevará a contener su enfado y frustración, que además puede estallar en algún momento de la reunión.

Conducta agresiva: se manifiesta con frases como, "Me has puesto muy nervioso llegando tarde; ¡es la última vez que te invito!".

Conducta asertiva: se expresa con tono ecuánime, "He esperado durante una hora; me hubiera gustado que me avisaras que llegabas tarde".

Otro caso relativamente común es el del compañero de oficina que busca constantemente que otras personas hagan su trabajo. Cuando se piensa en que esa situación debe terminar y la persona conflictiva vuelve a pedir "ayuda", se pueden mostrar diferentes reacciones:

La pasiva consistiría en una frase como: "Estoy bastante ocupado, pero si no consigues hacerlo te puedo ayudar"

Una conducta agresiva sostendría: "Olvídalo, casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado".

La idea se expresa con mayor claridad a través del pensamiento asertivo: "No, no voy a hacer tu trabajo. Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo".

Finalmente, pensemos que la agresividad actúa de manera similar a la corriente de un río, y aunque podemos optar por varias soluciones, como secar el río, dejarlo correr libremente, oponerle una corriente de agua en sentido puesto, construir un dique e impedirle el paso, la mejor de las soluciones consiste en encauzarla (abrir canales para enviar el agua hacia fines productivos como el cultivo) a fin de obtener resultados positivos y una mejor convivencia.



Un Abrazo y que Dios derrame sobre ti, muchas bendiciones de Paz, Amor, Amistad y mucha Prosperidad.

Claudio Valerio

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