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Campamento Virtual

Dia del maestro

 

LOS MOLINOS DE LA ESPERANZA


Trabajo en una escuela de las afueras de la ciudad. Muchos de los alumnos van sin zapatillas y esperan que el maestro les provea de cuadernos y lápices porque en casa no tienen dinero para “esos lujos”. Tengo que tomar dos colectivos. Uno hasta la casa de mi suegra donde dejo a mi hijo de tres años. Con suerte tardo una hora y cuarto de ida y otro tanto de vuelta.

Cuando acepté el cargo mi marido me dijo que era una locura,pero yo estaba feliz porque era la primera vez que tenía empleo por todo el año.

La directora al verme llegar el primer día me preguntó:

-Cuanto hace que te recibiste?.

-Dos años. Aunque solo hice suplencias cortas.

-¿Te doy un consejo de bienvenida?. En esta escuela o en cualquier otra, tener el titulo de maestra te da una sola seguridad: la de tener el titulo de maestra.

Aquella afirmación de la directora me dejo sin palabras, y lo que dijo después no pude entenderlo en ese momento..

-Un asunto más, para que tengas presente: aquí no sembramos arroz.

Durante las primeras semanas yo iba a trabajar con muchas ilusiones, y enfrentaba cada dificultad como Don Quijote contra los molinos de viento. Pero la realidad fue muy dura. Mis alumnos no aprendían. Les explicaba cada tema una y otra vez, sin resultados. No les interesaba. Los padres tampoco se comprometían y las otra maestras tenían sus propios problemas.

Volví ante la directora.

-Señora, en mi curso los alumnos no traen los útiles, parece que tienen hueca la cabeza, no hacen ninguna tarea en el hogar, son violentos...

-¡Calma!-me interrumpió la mujer-. Los chicos tienen mas necesidad de modelos que de criticos. Y lo principal: aquí no se siembra arroz.

Nuevamente la directora me dejo muda. Cada vez me cuesta mas hacer esa hora de recorrido hasta mi trabajo. Lloro cuando preparo mi ropa y mis papeles, y sinceramente quiero renunciar , pero en mi casa necesitamos el dinero. Me duele la realidad, me involucro para mejorarla sin ningún éxito, y no se que hacer.

Pero siempre algo sucede dentro de mi, porque no quiero darme por vencida.

Entonces observo a las otras maestras, les pido consejos, y comienzo a preocuparme un poco menos por los contenidos del programa, para jugar con los chicos. Les hago preguntas, me acerco de otra manera.Recorro el barrio donde está la escuela, y veo como viven. Leo, investigo, busco estrategias y cada día intento hacer algo diferente.

Llego el once de Septiembre y celebramos el día del maestro: la directora nos recibe con un obsequio, acompañado por una frase muy especial para cada docente. La mía es un proverbio chino, que dice: “Si haces planes para un año, siembra arroz. Si lo haces por dos lustros, planta árboles. Si lo haces para toda la vida, educa a una persona”.

Ya llevo ocho años en esta escuela y aprendí más de los que he enseñado: hoy se que ser docente es hacer camino al andar, y que muchas veces los molinos de viento están dentro de nosotros, y hay que arremeter para derrotarlos.

POR SUPUESTO, TAMBIEN HE COMPRENDIDO QUE NUESTRO TRABAJO NO CONSISTE EN SEMBRAR ARROZ.


Fuente: Silvia Beatriz Zurdo. Neuquen. Argentina.

Un recreo para el corazón. Obras maestras. de. EDIBA


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