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Aprender a equivocarse

Aprender a equivocarse


Aprender a equivocarse
(Recopilación de algunos fragmentos del Autor José Luis Martín Descalzo)

Por Claudio Valerio


Una de las virtudes y defecto más comunes es el perfeccionismo.

Virtud, porque todos buscan hacer todas las cosas perfectas.
Y es un defecto porque no saben, que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todos se equivoca alguna vez.

El perfecto, Creen en el trabajo bien hecho, no es que este mal, pero se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer alarde de las cosas que logran
Pero son también gente impaciente. cruelmente exigentes con quienes no son como ellos.
Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos.
El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana.
Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras.
No se puede ser sublime a todas horas.
El genio más genial puso un borrón en el papel.
“el arte más difícil no es el de no caerse nunca,
sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido”.

Temo por eso la educación perfeccionista.
Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo, los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".
No existen hombres que nunca hayan roto un plato.
No ha nacido el genio que nunca fracase en algo.
Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo casa amargura y pesimismo.
Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto.
Se compra otro y ya está.

Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.

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