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La profecia autocumplida

La profecia autocumplida

La profecia autocumplida

El teatro estaba lleno de personas con muchas ganas de comunicarse, y habí­amos estado hablando sobre la indefensión informativa en la que se sentí­an muchos de ellos, y sobre que alternativas de participación se presentaban. Alguien del público dijo entonces que a veces perdí­a la confianza, porque ya antes habí­a puesto el cuerpo muchas veces y se habí­a frustrado o desilusionado. Una posición entendible y un recorrido que para casi nadie es ajeno. ¿O hay alguien que nunca se dijo, por lo menos, ¿y todo para esto?
Pero a veces es importante tener presente que el ejercicio activo de la ciudadaní­a se puede llevar a cabo no poniendo, sino sacando el cuerpo. Doy un ejemplo que fue el que surgió en Morón: si en pleno caos de rutas cortadas y rumores de desabastecimiento uno miraba la pantalla de los canales de noticias, veía góndolas de aceite vací­as. Decí­an que el precio del aceite se estaba disparando. Uno iba al supermercado a comprar yerba, y veí­a señoras metiendo las tres botellas que dejaban comprar por persona. Las góndolas estaban llenas: los repositores iban y vení­an. En ese momento preciso, ejercer la ciudadaní­a activamente era abstenerse, sustraer el propio cuerpo del lugar y la acción a la que enviaba directamente la información tal como era transmitida. Ejercer la ciudadaní­a activamente no implica necesariamente movilizaciones callejeras. Las inercias de las nuevas tecnologías y el tipo de sujetos que somos, al menos quienes usamos Internet diariamente, hace que sea interesante pensar en estas nuevas formas posibles de conductas ciudadanas defensivas contra la especulación, la manipulación y la espectacularización de los hechos polí­ticos y económicos.
Sustraer el cuerpo o la mente al territorio disciplinado al que enví­a el poder (esto es: mirar a esas mujeres locas por el aceite y salir del supermercado con el paquete de yerba que í­bamos a comprar) puede ser una ví­a para que las profecí­as que algunos auspician para todos no sean las profecí­as de todos. Para que una profecí­a autocumplida se cumpla, necesariamente se requiere que la gente crea en los profetas.

Claudio Valerio

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